Innoble, que no es una revista ni un club de vino
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Innoble, que no es una revista ni un club de vino

abril de 2025 Narrativa
 de marca

Vinoble se autodenomina Salón Internacional de los Vinos Nobles, Generosos y Licorosos. Es un encuentro muy serio y muy tradicional que ya ha cumplido doce años. La cita es bienal, tiene lugar los años pares. En 2024 se celebró del 26 al 28 de mayo. Como siempre, en el Alcázar de Jerez de la Frontera.

Innoble se autodenomina “el mejor festival de vinos del norte de África”. También es bienal y, como no podía ser menos, tiene lugar los años impares. No en Jerez sino en Sanlúcar de Barrameda, que es bastante más canalla. Desde 2017. Cada edición, en un lugar diferente. Los que están detrás de Innoble se aburren rápido de todo…

El Innoble Wine Fest, bienal, se celebra en distintas localizaciones de Sanlúcar de Barrameda. Si en 2023 fue en el Hostal Posada del Palacio, en 2025 tocan las caballerizas Montpensier. 

Según la Academia de la Lengua, “innoble” significa “vil” y “abyecto”. Innoble ha cumplido cuatro ediciones siendo el niño malote de los vinos del marco de Jerez, y a mucha honra. En 2025, los días 16 y 17 de mayo, se cumple la quinta. Esta vez, en las caballerizas de Montpensier. Con presencia de 85 bodegas. Con catas. Con performances. Con música… 

En el Innoble Wine Fest se bebe mucho vino, como cabría esperar, pero puede pasar cualquier otra cosa, y esto es lo interesante: un concierto de Los Jaguares de la Bahía, por ejemplo, el grupo de nuestro compañero Pablo. O con una conferencia sobre cómic. O con una sesión de fotografía histórica… Porque, sobre todo, Innoble es una comunidad irrepetible, una ‘society’ indiscreta, una especie de secta vinomasónica y delirante. “Vinos, música y poca vergüenza”, dicen Armando Guerra y Rayco Fernández, sus creadores… y malhechores.

Armando Guerra (izquierda) y Rayco Fernández (derecha) son los creadores gamberros de Innoble y, como tales, los editores de la revista.

Pero saben lo que hacen, Armando y Rayco. A Innoble le dieron forma ellos dos, tremendos personajes. Armando Guerra regenta la taberna familiar ‘Guerrita’ en Sanlúcar, hoy convertida casi en santuario, y además es director de Alta Gama y Márketing de la bicentenaria Barbadillo. El canario Rayco Fernández es bodeguero desde hace tres lustros en El Hierro y Lanzarote. Rayco es el presunto CEO (o no CEO) del festival. Ha dicho alguna vez: “Si no eres feliz, es que no bebes la cantidad (y la calidad) suficiente de vino”. Si alguien no había entendido de qué iba esto de Innoble, seguramente ahora lo tendrá más claro.

Innoble es, por tanto, un festival que reúne a mil personas cada dos años, pero también es una revista semestral y un club de vinos llamado el SiNNdicato, que ha venido suministrando a sus socios botellas magnum personalizadas y cerveza hecha por vinateros.

Innoble es también un club de vinos llamado SiNNdicato, que hasta hace pocos meses ha suministrado a sus miembros (y miembros) botellas magnum personalizadas y cerveza elaborada por vinateros.

A principios de 2024, Armando y Rayco se pusieron en contacto con nosotros para que diseñáramos el quinto número de su revista, su inimitable ‘Innoble’, semestral y no menos gamberra que el festival. “A priori, una revista de vinos”, como reza su cabecera. “No contiene sulfitos”, ni botellas de vino, ni puntuaciones, ni enólogos famosos, pero sí toneladas de ingenio y piezas para leer, divertirte y pensar.

No es España un país donde abunden las revistas independientes, y menos con repercusión internacional. MagCulture, que es un termométro importantísimo del panorama de publicaciones ‘indies’, certifica la ebullición de títulos —algunos, incluso, consolidados— en países como Reino Unido, Holanda o Alemania. Entre ellos, se ha colado siempre la española ‘Apartamento’, editada semestralmente en Barcelona y que ya va por el número 33. A nosotros nos gusta mucho también ‘Solo’, otra semestral dedicada al café, que ha cumplido diez ediciones. ¿Podían ser ambas un referente para ‘Innoble’?

El primer número se publicó en 2022 con portada de la artista Laura Millán. Desde entonces, se han publicado dos números al año.

El listón lo teníamos muy alto. Los tres primeros números de ‘Innoble’ los había diseñado el estudio madrileño Rodríguez y Cano, y ya eso hablaba del nivel de exigencia de estos dos editores locos. Porque la realidad es que, con ser gamberra y salirse del carril central del sector, ‘Innoble’ es una publicación de referencia a la que en el sector no le dejan de mirar, al menos con el rabillo del ojo.  Su objetivo es descubrir cosas y gentes, y hacerlo siempre con una exquisitez fuera de lo común. ¡Quién dijo que no se podía ser canalla con pajarita!

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El número 5 fue el primero en el que participamos. Presentó algunas novedades: relieve en la cabecera, tonos plata en portada acordes con el contenido del número y mejoras en la calidad del papel.

El trabajo con Rayco y Armando ha sido apasionante, y nada sencillo. Casi, casi orfebrería. Ese número 5 y, después, los otros dos que hemos hecho con ellos, el último recién salido de la bota para coincidir con la celebración del festival de 2025.

Con ‘Innoble’ teníamos ante nosotros el reto de la provocación, una tras otra. Por ejemplo, frente a la romántica madera, acero inoxidable. ¿Puede haber algo más vil y abyecto, más innoble, en el mundo del vino? En castellano y en portugués, porque ‘Innoble’ también sirve al mercado del país vecino. El número 5 de la revista fue plata pura, empezando por las cubiertas. Ni siquiera las burbujas doradas del champán, que ocupaban la ‘cover story’, han hicieron dudar a sus editores. Adelante con el acero. ¡Y mira que les aconsejamos lo contrario!

Paz Levinson, un sumiller extrapatriado, un almuerzo con Coque Malla en Menorca, la anatomía de una ostra francesa, qué fue de los Douro Boys, la revolución vinícola de las Azores, la Granja Elena de Montjuic, la Alfarería Lebrijana, un paseo de tenedor o palillos por Usera, hasta una telenovela londinense y una de vinos y pleitos… Eso fue el número 5. 

En el número 6, el protagonismo pasó del metal a las manos. Las de los guardianes de Ribeira Sacra, empezando por la derecha con un dedo índice cortado de Pepe do Bufo, viticultor. Potentísimas imágenes en blanco y negro de Abel Valdenebro. También, los datos del Observatorio Español del Mercado del Vino, con ilustración de Malagón. Con la edición de otoño-invierno pasamos una maravillosa tarde en la lonja de Sanlúcar. Susurramos a los patos y comimos foie, cuyo origen se remonta a Tutankamon. Nos reímos un poco de esa especie llamada enólogo, que catalogamos y tipificamos. Viajamos a Perú para conocer la chicha de jora y nos sumergimos en el laboratorio I+D de los hermanos Roca en Girona.

En el ultimísimo número 7, con portada de Pepe Serra, Rayco se descuelga con un editorial aguerrido en defensa del sector: “Ni narcos ni yonquis. El vino no es solo alcohol. El viñedo no es un laboratorio clandestino de sustancias peligrosas. El viticultor no es un camello. Un camarero de vinos no es el Chapo Guzmán”.

‘Innoble’ es un disfrute de textos e imágenes para sus suscriptores, que ya alcanzan el millar (y un disfrute para asumir la dirección de arte y la maqueta, que se lo digan a Pablo). Además, se distribuye en cuarenta puntos en España y Portugal, y también en otras ciudades de América como Nueva York, Miami, Caracas, Lima, Buenos Aires o Santiago de Chile.

Para nosotros, es un placer compartir la ‘cata’ sin sulfitos con Rayco y Armando. Aprendemos mucho y aportamos algo. Sobre todo, a dotar de ritmo a la publicación, a cuidar al máximo la edición de unas maravillosas fotografías, a lustrar desde el mimo tipográfico y una cierta exhuberancia unos textos siempre sugerentes y pulcramente escritos. ¡Viva Innoble 2025!

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